Para leer la entrevista en inglés, pinche este enlace.

Juan María Nin ha sido vicepresidente y consejero delegado de CaixaBank y también ha ejercido como consejero en varias empresas, nacionales e internacionales como: CEPSA, Gas Natural Fenosa, GF Inbursa, BPI, Erste Bank, y Repsol. Durante la reestructuración del sistema financiero español, lideró múltiples operaciones de compra y fusión de entidades así como la compleja transformación de una caja de ahorros en una de las entidades financieras líderes del sector bancario. Su último libro, Por un crecimiento racional (For Rational Growth), analiza la crisis financiera, pasando por el pasado, presente y futuro del sistema económico a nivel global. Sonia Cuesta Maniar discutió algunos de estos temas con él en su entrevista durante el Hay Festival en Segovia, el pasado Septiembre.

A lo largo del Hay Festival, y a raíz del 500 aniversario de la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero y la Reforma Luterana, se ha hablado bastante de cambio. El sistema bipartidista se enfrenta a la toma de poder de partidos minoritarios, algunos de los cuales han incluso ganado elecciones como es el caso de Emmanuel Macron y su partido, En Marche, tras las elecciones del pasado mayo. ¿Cree que esta nueva tendencia culminará en una reforma política a largo plazo? 

Tengo que empezar diciendo que la democracia es el sistema de gobierno que más éxito ha tenido para la población, aunque sea imperfecto. Los partidos políticos han de operar en el ámbito democrático y del sistema de valores del Consenso de Washington, que fue introducido tras dos Guerras Mundiales. Cada opinión política está basada en el apoyo a ciertos valores, una ideología y un campo de actuación.

Cuando los partidos minoritarios no participan en esto y proponen un futuro de segunda mano, han de ser combatidos e impedir que prosperen. Históricamente, estos problemas dan pie a la reincorporación de dictadores, ideologías totalitarias, nacionalismos y comunismos en el ámbito público y privado. No hay nada menos progresista que los partidos minoritarios populistas.

Claro que hay sitio para la creación de nuevos partidos, pero en la escala de valores contrastada. Si estos partidos reniegan de la legalidad y estabilidad, acabarán desapareciendo del ambiente político y se mantendrá el sistema que conocemos.

La Unión Europea es el partido político más trascendente de cara al futuro en el que podamos estar inmersos. Por eso, intuitivamente, pese a los populismos, la gente sabe cuán importante es y valora la velocidad en la que se creó- esta fue la gran Reforma.

Juan María Nin
Photo Credit: Thinking Heads

Aunque es innegable que los partidos minoritarios están teniendo gran apoyo en Europa. Algunos de estos partidos (Podemos en España, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia y Syriza en Grecia, entre otros) han sido muy críticos con respecto al Euro. ¿Puede una divisa monolítica como el Euro sobrevivir en esta época de gran apoyo social a la ramificación política en movimientos alternativos? 

Tenemos que entender nuestro pasado. La creación de la Unión Europea y su instrumento, el Euro, como moneda única son un escalón más de la aspiración legítima que unió a un continente tras el desastre político, económico y social que supuso la Segunda Guerra Mundial. La construcción de una unión política Europea aunó voluntades que impidieron el resurgimiento de la Guerra y el establecimiento de un consenso que impidiera la emergencia de bloques totalitarios, absolutistas, y contrarios a lo que podríamos llamar el derecho natural. Era crucial tener un bloque fuerte para hacer frente a las dictaduras de líderes carismáticos.

En este caso, el Euro representa mucho más que una divisa. Es un pasado histórico común, son valores, y es una autodefensa de intereses propios y comunes. La población y la élite política tiene que ser consciente de esto. Los partidos minoritarios que se nieguen a entender estas bases fundamentales, muestran un desconocimiento inaceptable del pasado; y por tanto, deberían alejarse de la política. Es posible conciliar ambos conceptos, inteligente y necesario para mantener una estabilidad que no queremos volver a perder.

Manteniendo el tema de la unión y el diálogo en Europa, ¿cree que es posible la creación de una Unión Bancaria Europea?

Si, estamos muy cerca. La construcción de la unión política pasa por la unión económica. Para llegar a la unión económica hay estados previos. El primero fue la libre circulación de mercancías; el segundo fue la libre circulación de personas y trabajadores; y el tercero, la libre circulación de capitales con una unión monetaria. Sin embargo, hay ciertas complejidades que vienen con un mercado único que tiene una moneda única y una unidad bancaria.

Queda por resolver la contribución económica de cada país miembro y un fondo de garantía de deposita que aún no existe, aunque ya existan mecanismos de resolución. Hoy en día, si un banco tiene problemas, el Frankfurt y Bruselas se encargan de ejecutar una decisión, como ocurrió con Banco Popular. Si carecemos de un prestamista de última instancia y un fondo de garantía, no podemos asegurar el poder rescatar a ciertos bancos de la quiebra.

A pesar de esto, los pilares fundamentales de la unión bancaria están ya prácticamente determinados, y son una base sólida necesaria para su construcción. Es más, esta unión bancaria prácticamente existe ya. La regulación bancaria hoy en día la dirige la Unión Europea. También nos encontramos a medio camino de la unión política: tenemos una corte de justicia, un parlamento, un ejecutivo, además de los miembros del consejo. La unidad bancaria es el siguiente paso a dar.

Sonia Cuesta interviews Juan María Nin Photo Credit: Cecilia Varela/ Thinking Heads

Una crítica común a la unidad bancaria, la cual has mencionado brevemente, es la contribución que harían los Estados miembros para establecer un fondo de garantía común. Dada la disparidad económica entre algunos países en la Unión Europea, ¿cómo podemos establecer la contribución que debe hacer cada país para desarrollar esta unión con éxito?

 Como banquero te digo que el ámbito de riesgo con una Europa a veintisiete es tan amplio que es necesario hacer una unión a distintas velocidades. No podemos hacernos castillos en el aire con este tema. Legítimamente, los ciudadanos de los países miembros solo están dispuestos a mutualizar riesgos cuando dicha mutualización de riesgos se mueve en una zona tolerable. Si la diferencia de progreso social y económico entre países es muy grande, el ciudadano se encontrará incómodo con la utilización de sus impuestos para una cesta común europea en lugar de ser usados para el progreso de su país de origen.

Para evitar esto hay que llegar a una unión política y compartir un presupuesto único aceptando que no todos los países Europeos están en la misma situación política y económica. No podemos esperar que los paísesmiembro aporten los mismos impuestos. Hablamos de igualdad de oportunidades, de justicia, pero tenemos que entender que el igualitarismo como valor absoluto no existe ni en la naturaleza o entre las hormigas.

 De hecho, Jean-Claude Juncker en su último discurso abogaba por una Europa más federalizada.

 Efectivamente. Eso está contemplado en el tratado de Lisboa. Nuestros mayores han decidido en diferentes niveles, la historia se ha resuelto a distintos niveles. Un banco central europeo se tiene que desarrollar a diferentes niveles.

Recientemente el Banco Santander técnicamente rescató al Banco Popular para resolver sus problemas de liquidez. El pasado julio, sin embargo, nos encontramos una situación mucho menos favorable cuando el comité ejecutivo de la Unión Europea comenzó el proceso de reestructuración del banco Monte dei Paschi di Siena para evitar su bancarrota. ¿Qué riesgos suponen estos bancos y cómo se puede resolver esta situación?

Todo depende de la escala de valores que quieran adoptar los ciudadanos italianos transitoriamente. Una vez establecidos los mecanismos de resolución, una normativa europea, el proceso ha de ser relativamente sencillo. En principio, esta situación se puede resolver con gran facilidad.

El problema ocurre cuando el ciudadano se siente engañado, sin la capacidad de protestar, o se declara consumidor protegido. Tenemos que entender que la economía es una normativa, una ley, con reglas fijas y consecuencias a las que atenerse. Tenemos que ser realistas. Lo cierto es que hay un rango de prelación que cubre desde las acciones hasta depósitos de 100,000 euros (lo cual cubre al 99,8% de la población). Lo crucial en estas situaciones es que los depositantes recuperen su dinero, pero lo demás ha de ser utilizado para poder sanear al banco. Tenemos que mantener la mente fría y aceptar esto.

En España se han aplicado y ejecutado muy bien las nuevas normas del juego.  A medio camino de pérdidas, el Banco Santander, como prestamista de última instancia, estaba preparado para comprar al Banco Popular una vez estaba más saneado y así evitó que siguiera perdiendo más dinero.

En Italia, sin embargo, el problema recae en que los accionistas y los titulares de todos aquellos instrumentos de capital están distribuidos entre los ciudadanos. El gobierno Italiano no tuvo la valentía suficiente ni consideró adecuado que tantos cientos de miles de ciudadanos perdieran su capital, por miedo a que ocasionara un giro a la izquierda a nivel político.

Ergo, utilizaron dinero público para sanear la banca, en lugar de utilizarlo para hacer hospitales, tribunales, centros educativos, lo han metido en un banco para salvar a los accionistas. Esto ha polarizado a la población, comprensiblemente. Nos tenemos que atener a las normas y al mismo tiempo  evitar llegar a estas situaciones porque un banco puede muy sencillamente desestabilizar no sólo la economía, pero el bienestar social.

Monte dei Paschi di Siena/ Photo Credit: Wikipedia Commons

Entonces, ¿cree que un mecanismo de transferencia fiscal para redistribuir la riqueza y suavizar los efectos de la disparidad entre países son necesarios para asegurar la supervivencia de la eurozona y la unidad económica?

Estos han existido desde el inicio de la Unión Europea. España, Italia y Grecia han sido los grandes beneficiarios, con una trazabilidad impecable. Claramente estos han ayudado al desarrollo infraestructural de miembros menos desarrollados. Siempre ha habido una lógica contribución interesada por un tema de valores entre los países financieramente más solventes hacia los países con menos solvencia.

Sin embargo, hay un límite. El desbalance entre países miembros, inherentemente hace que este sistema tenga que estar adecuadamente formulado para evitar la mala financiación y la corrupción- elementos que realmente desestabilizarían la sostenibilidad de la eurozona y la relación entre los países miembros a largo plazo.

Juan María Nin habló con Sonia Cuesta Maniar.

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